Jorge Gonzáles Rodríguez and Juan Carlos Armengol Manzo

7 de febrero de 2011

Testimonio


Viaje de un peregrino junto a María

Por: Miguel K. Martínez Companioni

Dios  ha bendecido a esta arquidiócesis de Camagüey con la visita de una madre, pero no de una madre cualquiera, sino de alguien especial; alguien que, en cualquier momento y circunstancia de la historia, ha estado al lado de nuestro pueblo, ha estado presente junto a su Hijo, intercediendo por cada uno de nosotros. Alguien a quien algunos llamamos Cachita, otros Madrecita, otros Reina soberana, de quien hablamos, si no de María, madre de nuestro Señor Jesucristo, alguien tan humilde, tan sencilla que a veces duele molestar.

Esta peregrinando María de la Caridad del Cobre, madre del pueblo cubano cargando un gran peso, el peso de todas nuestras peticiones, de todas nuestras preocupaciones. He visto como todos, sin distinción de raza, de creencia, de ocupación, han venido a ti Madre, para pedirte por la paz, la tranquilidad y la armonía.

He visto a niños llorar frente a ti, he visto a madres llorar por sus hijos, he visto a padres cargar niños en sus hombros, en su  pecho para presentártelos, he visto un niño en una silla de ruedas venir sobre un pueblo, como navegando sobre un mar tempestuoso de personas que tienen tanto deseos de estar a tu lado, que en ocasiones se olvidan de que tú los miras a todos, aunque estén lejos. He escuchado a Mons. Juan, nuestro arzobispo tantas veces hablar a niños, embarazadas, enfermos, familias y familiares de presos, sobre tu historia, Virgencita.

Ya he visto a sacerdotes perder la voz cantando canciones y letrillas. He escuchado a niños decir ante la cámara: “Te pido por mi mamá, para que vuelva con mi papá...Te pido conocer  a mi papá… Necesito me devuelvas a mi papá… Quiero que cuides de mi hermanito o hermanita”. Son tantas las peticiones que te hacemos Madre, que ha veces nos olvidamos de que Tú hijo, Jesucristo, al que llevaste en tu vientre durante nueve meses, está siempre con nosotros.

Conversaba con el chofer que conduce el vehículo que traslada la imagen, él está sorprendido de ver en todo su recorrido hasta aquí, la fe y la esperanza que este  pueblo cubano tiene depositado en la Virgen de la Caridad. Le ha sorprendido en nuestra diócesis la cantidad de personas que han estado presentes en las celebraciones y procesiones con la imagen. Yo le he dicho que es una bendición poder tener esta experiencia, yo que la estoy viviendo; en solo seis días he llorado, me he sorprendido, me he reído, solo hay que imaginarse el tiempo que lleva él, experimentando esos mismos sentimientos y el tiempo que le falta hasta el final de su recorrido.

Tengo a mi esposa y dos niñas, una de ocho años y otra de cuatro meses. Nunca me he separado de ellas tanto tiempo. En ocasiones siento nostalgia, pero solo la experiencia, “del caminar junto a María”, es lo que me ha hecho pensar que no es un tiempo sin ellas. Que es un tiempo con ellas, junto a María, pues las tengo presentes en todo momento: en las madres que he visto amamantar a sus niños pequeños en sus pechos; a tantas niñas que he visto junto a sus padres pasar junto a María. Siempre están conmigo.

Pienso que este pueblo necesita “unidad” y solo tú puedes darla Madre, unidad entre hermanos, entre padres e hijos, entre vecinos, entre trabajadores, entre estudiantes, entre religiones e Iglesias, entre todos. Solo un pueblo unido en el Amor, será un pueblo de Dios, un pueblo que será justo en todo momento. 

Ha sido una experiencia muy hermosa, junto a tantas personas que han dado  su esfuerzo porque todo salga bien, porque tu pueblo, María, camine junto a ti, como dice el lema que acompaña la peregrinación, “A Jesús por María”, “la Caridad nos une”.

1 comentario:

ana gloria dijo...

Que este proceso de amor siga adelante.
Señor aumenta nuestra FE !!!!